Cromos

CROMOS

 

NOLI ME TANGERE

I

HABLA MARÍA MAGDALENA

No me toques Señor,
tu fuego me hace daño, me lastima
ver que me encuentro tan lejos de aquel resplandor…
No dura en la ciudad la ropa blanca;
y el cielo gris —en cambio— permanece.
No me toques Señor.
La puerta estaba abierta y en silencio
vi tus cosas guardadas con cuidado,
pero aquí me quedé sólo por amor:
las flores en la hierba muy crecida
y las nubes brillando por su ausencia.
No me toques Señor.
Ya estaba dividido este jardín
cuando nací con mis limitaciones.

II

HABLA ÉL

No me toques amor,
tu cuerpo no me alcanza a comprender:
yo vengo de la distancia pero voy más lejos…
Allá donde la luz es más ardiente
bien y la mayor pasión es la blancura.
No me sigas amor,
ya habrá tiempo de dar el primer paso
y abrir las dulces alas al misterio.
No te eches a llorar, o vete por Dios,
que yo no te detengo ni te mancho.
Si el azar y el destino te llevaron
a tocarme una vez,
reconoce que parte de tu vida
—por lo menos— bebió del mismo cielo.

 

UNA BATALLA DE ROMANOS

Ábrese el bosque de las lanzas
y un hilo de sangre toma la pendiente —flor a flor—
emblema del íntimo torrente,
baña las huertas y tiñe las verduras.
De aquí nacerán el rotundo jitomate y la jugosa zanahoria,
los ardientes chiles y el manso betabel.
Con el estiércol de los caballos despavoridos
ha de ser abonado este terreno
por los siglos de los siglos.
Quién más, quién menos
como liebres en campo de batalla,
como ciervos huyendo ante el estruendo de los truculentos
arcabuces.
Una espada de agua en el interior de una venganza imaginaria.
Un soldado desconocido
durmiendo el sueño largo bajo las patas de los caballos.
Y detrás de todos estos valientes
se alcanzan a escuchar las fanfarrias de los músicos,
esos hombres de segunda…
los que vieron correr la sangre como quien ve una película de
vaqueros;
los que llevaron el ritmo con el temblor de sus rodillas
deslizando las manos sudorosas como centauros sobre las
llaves;
los que apenas si fueron a la fiesta;
o fueron a la fiesta y no sabían bailar,
o se quedaron en la cocina
chiquiteando su vaso con alcohol, su Cuba libre
soplando en la trompeta del insomnio,
cantando fuera de tono las injusticias del mundo;
sin olvidar —por supuesto— a las estrellas
ni a los ángeles que tocan de corrido
los sones predilectos del Creador.

¡Oh oscuridad, telón de fondo!
Crucero y semáforo de la naturaleza.
¡Que siga la batalla cotidiana!
Que sigan las insidiosas diagonales dando guerra,
y la cortina de lanzas abriéndose al milagro de la gente,
a los oficios sin fin de este planeta,
al juego de niños que es vivir cada minuto.

 

EL CAMINO DE SANTIAGO

Pájaros de la otra vida,
sístole de la otra fuente,
olas de hierba crecida
desde el paisaje del puente.

Brota el agua y en dos vías
se conduce a la sazón
por mitades en los días
y noches de mi corazón.

Se cerró sin más la puerta
y estoy aquí sin mi gente:
soledad de sol y huerta
y campaña sin pendiente.

Sin palabras, sin adioses,
vacas en verde collado…
no me llevaron las voces,
fue el badajo del arado.

Arco de piedra mi nombre,
arco de piedra mis cejas;
profundidad donde el hombre
se remonta tras las rejas.

Vírgenes de las terrazas,
jarra de las azucenas:
por tejas rojas las casas,
por flores rojas las venas.

Puro trigo en la esmeralda,
cielo gris en la corriente
y a lo largo de la espalda
la luz líquida se siente.

Espuma y verde botella,
cama blanca, barba negra,
la distancia es una estrella
donde la tarde se alegra.

Resplandor donde la cueva
da la vuelta al duro monte;
la visión parece nueva
más allá del horizonte.

Vida simple, vida sana,
olor a estiércol y a pino,
la meseta más que llana
y el verdor en el camino.

En la campana nevada
me reanimo del cansancio;
laberinto en la parvada
y en la lámpara de Bizancio.

Piedras rosas y amarillas,
huesos y carne del cuerpo;
sin mirar las manecillas
regenero mi anticuerpo.

Mi antimateria soñada,
mi paridad merecida,
mi sombra reconciliada
con la forma de mi vida.

Con mi silla de cantera,
con mi camastro de paso,
la Señora en la lumbrera
y el Señor en el ocaso.

 

ATARDECER EN RAPALLO

Ana Dusis
el mar aquí, mare Nostrum, mare Tirreno
poco más que un estanque,
un paraíso pintado al fondo de la nave
harpes et luz
o poco menos que un espejo
armato di bellisima armatura
Un cielo inmenso
As cool as the pale wet leaves
of lily-of-the-valley
cuya belleza dura y vive,
y deja el horizonte a nuestra imaginación:
Malva
Mandorla
Madreselva
clara nube clara, lechosa
pasa devota hacia el oriente
Madona-de-leite
no la nube, sino el cuerpo cristalino
Mapoula-de’auga
la bóveda sin mancha de no ser
(casi en lo absoluto)
por el arañazo lejanísimo de un jet…
Con la aguja invisible entre los dedos
no por casualidad la Bella Vanna
ni por casualidad Sassetta o Lippo Memmi
ni los hermanos Lorenzetti, ni Guido ni Duccio
…los botes se junta y se alejan
se juntan y se alejan…
Y el mar azul profundo cercándonos,
verdirrojo en las sombras
a la distancia
de sus mástiles esbeltos
recorro contigo el bosque invernal.
No por azar Santa Maria Novella
ni la Collegiata di San Gimignano,
las uvas, las cerezas, el carmesí dorado
y un azul tan limpio que dan ganas de llorar.
Un clavecín debajo de un árbol de esmeralda
…tan verde el musgo aún
y el oro del anillo de la boda que canta

IPSUM QUEM GENVIT ADORAVIT MARIA
En vano tiran línea los solitarios pescadores
esta tarde la luna
no quiere morder el anzuelo.

 

DEL NUEVO DESORDEN MUSICAL

Nos quedamos solos, a medias y a ciegas,
nos vamos a ver en la música a oscuras;
la vida es distinta, pero si lo niegas
niegas el proyecto de ver las alturas.

Como el fuego nutre de luz sus figuras
y el fin de la historia parece lejano…
se escuchan las notas que llora ese piano,
las penas de un hombre, sus tristes locuras.

Los cables deshechos en el pentagrama,
las notas ardidas en cada detalle;
la noche en que el sueño nos tendió la trama
salieron las sombras a tomar la calle.

Se llenó de espanto la quietud del valle,
los montes temblaron con horror convulso:
¡se acaba la noche, se reduce el pulso!
Se desploma el cuerpo… ¡vivirá quien lo halle!

Para el que se acuerda de aquel esplendor
baste con la imagen que nos entretiene:
los íntimos rayos del transformador
son nuestra promesa del mundo que viene,

Por la puerta grande para el que no tiene
manera de verle la cara al amigo…
la tierra se queda sin sol, sin ombligo,
sin cielo se queda, mas no se detiene.

¿Cuál es el sentido? ¿Cuál será la escala?
si no queda nadie que escuche el concierto…
la vida era dura… la vida era mala…
también era todo lo que no había muerto.

Carros calcinados en este desierto
siguen de memoria la trágica serie…
nuestros dulces huesos son a la intemperie
todo lo que resta de lo que fue cierto.

Ya doran el polvo las mil construcciones,
ya ceden su peso los mil edificios,
y el ácido llanto de los saxofones
se riega buscando los vientos propicios.

Lo que sedimenta de los sacrificios
son las notas graves del sol en un charco,
sirenas que cruzan la noche sin barco
mientras la luz vela por los intersticios.

Señoras del cerca, señoras del junto,
las grandes ciudades cosechan locura
sin dar un respiro, sin dar contrapunto
ni bárbara música por añadidura.

Se apilan los cuerpos cual sucia basura
con ese tufillo de mosca y alcohol,
y el cielo se quita su viejo overol.
Los amos celebran al son de la usura.

Se queman las nubes y sangran los cielos
y trazan las sombras su línea discreta,
y alcanzan los años al rey de los hielos:
¡la música suena brutal y concreta!

Sobre la garganta su nudo se aprieta,
la corbata asciende por un haz de luz
y dicen los jueces que resta una cruz,
un rayo afinado que asoma en la grieta.

No puede acabarse sin pena ni gloria,
tampoco se acaba después del final;
nomás sobrevive la presente escoria
con aires heridos por algún metal.

Si la muerte dura, la vida es serial,
si la vida acaba, la muerte es el ruido:
la ciudad se pierde por aquel sonido
de su loco siglo con sol atonal.

Y están las paredes cuajadas de argot
sordas al conjuro de nuestra ciudad:
la arena del piano, la sal del fagot,
se quedan calladas por necesidad.

Aquí no hay misterios ni sobra piedad,
ni quedan preguntas ni quien las conteste;
los lívidos cuerpos de fama celeste
cobran su tributo a la mísera edad.

La llama de sueños después de la muerte
con toda su corte de pájaros lentos
se come al insecto de la mala suerte
mientras se refinan los conocimientos.

Y somos los hombres tal vez instrumentos
más fieles que el oro, más raros que el arpa
gimiendo en la noche de lúbrica carpa
cuando ya se han ido nuestros sentimientos.

Cenizas al fondo, que nadie promete
volver a los mundos abiertos del día
curados de espanto por un clarinete,
los pájaros grises de monotonía.

Reclaman el triunfo de nuestra afonía
con su sed brillante, con su hambre compacta
dando en los relojes la pasión exacta:
las horas hervidas con melancolía.

Y en la mesa negra pusieron un huevo
incubado sólo por el mar profundo,
declarando al punto que todo era nuevo
después del minuto, después del segundo;

Después de la sangre del bajo profundo
por calles desiertas y casas quemadas,
hoy que ya no quedan abiertas entradas
las salidas dicen que comienza el mundo.

 

AFORISMOS

Que no me lea quien no sea matemático,
porque yo lo soy siempre en mis principios
Leonardo da Vinci

1. El dibujo es la razón y el color es la locura.
2. Se dice que el dibujo requiere de músculos tensos y que el color sólo necesita libertad de acción.
3. El dibujo puede tener la gravedad de un argumento. El color puede tener la ingravidez que distingue a las intuiciones verdaderas. Aquél limita y este otro expande.
4. En el tiempo, el dibujo es una cita a largo plazo. Llega del mundo tridimensional a la ilusión del plano: la pintura. Del mundo bidimensional a la ilusión de las líneas: el dibujo. El color es puntual. Es instantáneo.
5. Cierto que el dibujo puede llegar a disfrutar de esa libertad propia del color, en la misma línea de las emociones; y que el color se puede someter a veces a las necesidades de la construcción, propias de los matices filosóficos, o de los sistemas puramente conceptuales.
6. Pero, en términos generales, podemos decir que el dibujo está del lado derecho de la vida, y el color está del lado izquierdo. Ambos son, obviamente necesarios. Sin ellos no hay armonía ni simetría. Expresan los principios elementales de la creación: sístole y diástole, causa y efecto, potencia y necesidad, contracción y expansión.
7. Para el dibujante racional, las manchas tienen características morales de impureza; para el colorista nato, las líneas duras y rectas tienen características morales de inflexibilidad. Más allá de la moral, baste distinguir los efectos que producen una manera y otra de trabajar, para comprender las cantidades continuas y las discontinuas, pero sobre todo, la calidad.

8. El dibujo lleva de un modo natural a las obras de la imaginación. El color, por su parte, solicita apoyo de la naturaleza para hallar sostén y forma. El dibujo: seres de razón fundados en lo imaginario. El color: seres de imaginación fundados en lo real. Son las dos alas de un mismo pájaro. La gran obra de arte viene a ser, por lo que se ha dicho, un vuelo perfecto donde estos dos principios consiguen un equilibrio precioso e inimitable.

 

CON UN PIE EN LA TIERRA

La mesa de la vida ya está lista
con una silla más donde se espera
que el hambre satisfecha nos asista
presidiendo desde la cabecera:
las ventanas abiertas a la vista,
las pupilas exactas en la esfera.
Un árbol cardinal ocupa el centro
del hombre que se mira desde dentro.

Como la perfección en la maleza,
como la pura llama en ese lirio,
hemos sido invitados a la mesa
a comer de la carne del martirio
y a beber en la fiel naturaleza
el vino tormentoso del delirio.
Podemos ver su origen más que humano
pero también la sombra del villano.

¿Quién es ese otro? —yo me preguntaba—
con el vaso de vino entre los dedos;
¿Dónde comienza el juego? ¿Dónde acaba?
¿Por qué tantos escándalos y enredos?
¿Por qué si un solo Dios aquí se alaba
se siguen enfrentando tantos credos?
Tal vez por las preguntas adivinas
quién cantaba en el nido hecho de espinas.

Tú que viste palacios en las rocas,
y que viste la lenta procesión
de pájaros encima de las bocas,
del rosario, las rosas y el bastón,
dime si su canción sació las locas
ganas de conquistar un corazón.
Viste la realidad y —sin embargo—
la mente la desviste por encargo.

Pues la pena a bañarse va desnuda
y el error se deleita en la batalla;
se pone la corbata puntiaguda
mientras ella se quita breve malla.
Más vale no alegar —no cabe duda—
mejor es ocultarse tras la toalla.
Comienza la discordia donde cuatro
se quieren consagrar haciendo teatro.

Y estas obras se pagan a destajo
según la anatomía descriptiva:
las nubes que se miran desde abajo,
los montes que se miran desde arriba…
dan al hombre placer por su trabajo
pero le van quitando perspectiva.
El hombre y la mujer se dan la mano
mientras repta en las nubes el villano.

Pues las puras palomas van más alto
que el ángel patrullando por su gusto;
si los niños se lanzan al asalto
de las tibias madonas por el busto,
no hay de qué preocuparse: tras el salto
el cielo recupera lo que es justo.
El sol está callado y es pequeño;
la luna —sin quererlo— frunce el ceño.

El hombre es una abeja por el sueño,
la mujer en botón es un clavel,
y en el triste semblante del fuereño
la batalla grabada con cincel…
ha olvidado —tal vez— Quién es el dueño
que ilumina la vida sin pincel…
Descienden los relámpagos del pacto
reducidos a hormigas en el tacto.

Como un cometa cándido y helado
por la noche del mundo de los niños;
mientras la dama gris se va de lado
y las damas cromadas hacen guiños
desde su resplandor acicalado
hasta la timidez de sus corpiños
transparentes delante del espejo
que de tanto mirar se ha vuelto viejo.

En silencio —tal vez— tal vez despiertos
quedaron otra vez los dos desnudos…
brillantes con los ojos bien abiertos
y perlas en la lengua de los mudos.
Los datos que nos dieron no son ciertos:
primero fue el amor que los escudos.
Y si quieren llegar hasta la pulpa
que abandonen la espada de la culpa.

Después de haber sellado las derrotas
con unas partituras cenicientas,
un ángel descendió —las alas rotas—
a buscar a los músicos a tientas.
No todo se comprende, pero notas
que dejaron aquí sus herramientas.
Lamentación: ¡parece que fue ayer!
mientras brilla una luz en el taller.

Y cuando disfrutemos el paisaje,
la oferta del Creador —sin comisiones—
quizá comprenderemos por qué el viaje
se siguió sin fijar las condiciones.
Dejemos al artista que trabaje
sobre sus misteriosas proporciones.
Las obras en la tierra están maduras
según es la estación en las alturas.

Cambiando las banderas por las cabras,
creyendo ver la luz en las naciones…
el norte estaba lleno de palabras
y al sur se desataban las pasiones.
¡Explícale al obtuso por qué labras
en honda soledad tales visiones!
Como sólo el horror les interesa
no dejaron estatua con cabeza.

Pues han visto la tierra como globo,
como botín inflado y natural,
quedan las propiedades por el robo
convertidas también en monte real.
Pero dicen que el hombre no es el lobo
del hombre… sólo fruto de aquel mal.
Ya suenan los relojes en la cruz,
como sueñan sus ojos con la luz.

Y los cuatro jinetes disfrazados
de burgueses comunes y corrientes,
con los diez continentes arrasados,
con los mismos patrones y sirvientes,
hallaron a los cuerpos abrazados
y a la muerte pelándoles los dientes.
Dejemos que el amor derrote al mal
que los postres se sirven al final.

Pues los cuerpos olvidan la medida
que les fue destinada por la altura;
la fama de los frutos —merecida—
la música que ciñe la cintura;
las hojas en el árbol de la vida
coronando la gran arquitectura.
La manzana ha caído pero espera
la señal de la víbora en la higuera.

Y al llegar al final es la primera
que ve cómo rematan los errores;
para nosotros es la pasajera
niña que solicita a los doctores.
“Aquí duele” —les dice— y es sincera
señalando al patrón de los humores.
Las verdades que son de las entrañas
pueden mover ejércitos, montañas.

Con todas las visiones y ninguna,
sin nada que temer y con constancia,
—como la vida misma— ya en la cuna,
ya en la ciudad dorada a la distancia,
recuerda las heridas de la luna,
los soles derretidos en la infancia.
Recuerda cada noche y cada día
mientras florece la melancolía.

POESÍA

Monte de oro, la tierra somnolienta
Con la noche sin límites germina;
Se sosiega la bóveda violenta…
La luna nuevamente me ilumina.

Y aparece después de la tormenta
Con su delta de estrellas submarina,
La de noble semblante, la que ostenta
Con corona de lluvia, cruz latina.

Verano de admirar en quien la porta
Con tan bien modelada majestad:
¡Oh cúspide sonora! —me conforta—

Tu coloquio de amor y soledad,
Si en el cielo soñado se recorta
La silueta de nuestra tempestad.

 

TRÍPTICO DESPUÉS DEL DILUVIO

I

LA FUENTE

El razonable cántico de los ángeles se eleva desde el navío salvador: ya que me voy vaciando en la corriente, ¡yo os bendigo, viejo río! Mientras siguen las horas en su curso, bajando hacia los días por venir. Siento que si desciendo es porque olvido una pregunta y una respuesta olvido. Todo el pasado se aglutina al centro de mi frente y mis ojos se velan de melancolía. Voy en el cauce conducido por un hilo sonoro, por un canto de sirenas en mi cráneo. Pero el viaje no es fácil de seguir. Hay obstáculos ocultos y la corriente se vuelve a veces tan violenta, que se forman terribles visiones en los torbellinos… mas luego desaparecen y vuelve a recobrar el cauce su espejo afortunado. No queda ni rastro de la tormenta. El flujo mismo es maravilla… y sus fuentes se pierden en el manantial de la atención. La barca frágil se detiene, como un pájaro que se posa en el hombro del viento. Los ángeles me miran con la parte visible de sus almas y parecen advertir, en silencio, la proximidad de una cascada. ¡Aguas y tristezas, subid y reanimad estos diluvios! Hoy que el pájaro va de camino al punto donde se funden mar y cielo. Como una hoja seca. Como un salmón… tengo que ejecutar mi primer gran salto mortal para devolver la breve dosis de luminosidad que, sin yo saberlo, robé algún día. ¡Sí! No hay duda. Voy a contracorriente.

II

LA OTRA ORILLA

Yo sé que dije alguna vez: he sentado a la belleza en mis rodillas. Y la he encontrado amarga. Mas en ese tiempo yo no conocía el mar. Hoy que la inmensidad ha comenzado a ser, para mí, comienza el tiempo de la verdad. Y la belleza es verdadera cuando es inconmensurable. No hay muñeca sin nombre ni rodilla sin forma. Es entonces que se puede ver el paso de la corriente desde fuera. Desde el principio y hasta el fin. Esos ruidos que consumen el flujo de la atención provocando un drenado de luz en la columna… la vibración de la flauta al ser tocada.
Da vuelta la barca y se regresa, con la parte invisible de mi cuerpo, navegando sobre su propia materia, sobre su líquida luz. En todas direcciones: Tan alegre, tan fácil, no es más que onda, flora… y visible a simple vista la orilla cada vez más lejana. Y en la corriente de segundos algo cesa, algo deja de caminar y se yergue en un instante: me asomo al manantial… y me remonto luego por cúpulas de vidrio y cerros de nubes. ¡Oh coronas de hueso! ¡Oh fuente primordial!
Puede sonar al fin la flauta hueca, pues la música celeste viene con el presente. Puede escucharse la llama del silencio solicitando unánime visión. La eternidad y el tiempo de los hombres no maduran sus frutos a la par: una cosa es la luz de los incendios, y otra muy distinta la estrella de mar.

III

EL MAR

Ni los montes azules ni la ciudad en llamas. Ni la luz del silencio ni las voces del ver. Ni la tranquilidad del Ecuador, ni la inquietud de los Polos. Ni la página en blanco ni la iluminación. Ni el cielo dorado, esférico y sin límites, ni el mar plateado, esférico y sin límites. Ni yo soy Dios ni Dios soy yo. Ni uno solo de los muchos sentidos. Tampoco dimensiones. Ni siquiera la contradicción. ¿Entonces qué?
Aquí, allí, abismado a la orilla de las palabras, asisto al brotar de mi pensamiento: lo contemplo, lo escucho. Siento que el cielo sabe a cielo y la tierra a tierra al cruzar de esta orilla de nadie a esta otra orilla de nadie. Ni el silencio blanco ni el silencio negro. Ni barca ni barquero. Ni luna ni sol.
Ni es el pasado que voy a cargar, ni es el futuro que vine cargando. Ni insistir en que el verso que sigue no es verdad, ni tampoco en que el verso anterior sí es verdadero. Ni ritmo ni medida, ni corazón ni respiración. Si acaso, una pizca dorada. Un punto luminoso. Una semilla transparente. Un sol interior.
Porque ha sido encontrada. ¿Qué? —La Eternidad.

¡Por fin voy a favor de la corriente!

 

CANCIÓN PARA MI HERMANO
EN EL DESIERTO

Te vi nacer un año antes que yo,
si bien es cierto que ninguno quiso
estacionarse en medio del camino.
Sólo ser y viajar fue el compromiso:
la puerta estuvo abierta al que creyó
ver en el cielo gris — azul marino.

Bifurcado destino:
me tocó a mí la flecha
invisible, y a ti te tocó ser
un calendario marcado por una fecha…
corazón y tambor en el redoble,
te veo aparecer
entre mis sueños hoy como mi doble.

*

Tal vez tú eres la imagen reflejada
en el raudo mercurio del espejo
o en la razón de las fotografías.
Me tocó la palabra, y no me quejo
pero, ¿cómo es que encuentro tu pisada
delante de mis pasos y mis días?

Son tuyas dos Marías
dos peces con la basa
de la columna humana y el deseo.
Bien a bien yo no lo sé, sin embargo pasa
que el carpintero como el pescador
se esfuman cuando veo
que hay tantas huellas a mi alrededor.

*

Se repiten las sílabas del hombre,
las pálidas familias similares,
las horas de Isabel, las horas de Ana.
Platónicas palomas tutelares
cambian de plumas, pero queda el nombre
como prenda de hermanos y hermanas.

Mañana tras mañana
sentimos los reproches
velados y en silencio de los cielos.
Dos mujeres y dos hombres con sendas noches,
dos Juanes, dos Albertos, dos criaturas,
dos ángeles gemelos,
dos pares desdoblados, dos pinturas.

 

UNA VISIÓN EN EL JARDÍN

I

EL BAÑO

Allí donde las sienes a rebato
hacen latir las íntimas campanas
del misterio que táctil se suscita,

Son las nubes como un presentimiento
de grandes árboles y construcciones
de mármol y de nieve por venir.

Pensando sin pensar la sombra azul
eleva una canción entre las copas
de azúcar y de sal ensimismada,

Una mañana verde, tibia y clara
en que el cielo suspenso en el jardín
es un ojo de innúmeras Susanas.

II

LOS VIEJOS

Acuden a la mente las siluetas
y la voz adolescente despertando
rodeada por los pinos y la aurora.

Se ensancha un rumor en las ventanas
de escarcha o bien de lágrimas —yo creo—
vertidas desde la tierna infancia…

Y no tarda en surgir por el reflejo
la patente contradicción de los dos jueces:
la engañosa profundidad del azulejo.

Turquesa que en medio de la frente
no distingue la encina del lentisco
ni acaba de observar atentamente.

III

SUSANA

No se puede ver
—ni la luna ni el sol—
no se puede guardar silencio.

Y a la orilla de la sombra palpita
un corazón en las aguas del cielo
para la noche de su consolación.

Belleza fugaz en la retina.
Belleza del instante.
Belleza casual.

La belleza vive y el cuerpo muere
como suelta sus hojas cuando quiere
el árbol altísimo cambiar de estación.

 

LA FIEBRE DEL ORO

Laberinto de paja, cruel verano
salen de Tu morada hacia su mundo,
salen de trabajar y van al oro
de la cerveza ardiente y el descanso.

Pagan la sal y apagan sus ciudades
consumiendo las botas del engaño…
un triste remolino de cordura
y un hartazgo de vanas pesadillas.

Pan les sobra, mas viven preocupados:
¿Será el haz o la joya de la nuca?
¿Será el hambre cegada por la ira?
¿Será el trigo segado por la luz?

Tú comenzaste esta labor un día
y dejaste a las criaturas el encargo
de sembrar a sus muertos en la tierra,
de dormir y comer y enamorarse.

¡Cómo cuesta trabajo este trabajo!
¡Cómo suda la tierra gotas de oro!
Fiestas para la fiebre del pintor
que cumple con su encargo puntualmente.

Tú le diste la mano y él te alaba
por la naturaleza que cultiva
victorias del otoño que son soles,
que son ojos clavados en el mundo.

Debajo de aquel árbol prometido,
allí donde reposan las guadañas,
mientras dura la miel de la cosecha
y el mes de agosto pesa en la conciencia,

Ve en las nubes un campo de promesas,
animales y restos de plegarias…
pajarillos que encuentran su alimento
sin sembrar, sin querer, casi sin hambre.

Sólo el hombre se cansa de ser él,
de ser siempre el que no será del todo,
el que cuenta los años y las horas,
el que cobra un jornal por su trabajo.

Su locura confirma las ciudades
y horizontes sin brizna de constancia,
mientras crece la estrella del follaje
y alguien dice: Dejad crecer el trigo…

“Hay que beber, dudar, hay que enojarse,
dominar y morir en el dominio,
¡maldecir a los dioses de tal modo
que los cielos recuerden las razones!”

Sin quererlo, también hace su parte
persiguiendo alimento… ya se ha dicho
que la siega es el fin, el fin del mundo.
Mientras alguien renace en toda forma.

 

EL CUARTO DE LOS TRES SIGLOS

Nos ha tocado jugarla con la inteligencia
o se nos ha concedido:
un hombre de luz con el saco roto
hace girar la tierra entre sus manos.

Un hombre inmemorial me está llamando,
—por círculos me están llamando—
con el rostro encendido y el compás abierto.

Sus mangas están más gastadas que un diccionario
en toda la extensión de sus días y sus noches.

Tiene las uñas negras:
son las manos de un hombre trabajador
a su manera, de cabeza noble y saco roto.

“¡Pon atención! —me dice—
El compás genera una línea de fuerza
con un punto fijo y otro en movimiento.”

“Pon el círculo a girar y estás en otro cielo,
tan vasto y perfecto como el otro, ¡pero mayor!”

“Pon a girar la esfera en nuestro tiempo
y verás la proyección de un nuevo espacio:
una vida con todos sus instantes en presente;”

“Un generoso corazón de cuatro casas
y un pájaro volando en larga noche.”

Carrusel de la vida y objeto de deseo,
un hombre te lo dice con el saco roto:

“Pon a girar la vida en todos sus instantes
hasta formar una esfera con su tiempo,
y verás un espacio más amplio que se abre”.

Mapa de cuatro pilares,
vislumbres de la quinta omnipresente:

“Esferas de tiempo vivo girando en la conciencia”.

Un ojo inmenso nos ve
y el sabio soñador sabe y se calla.

“Es cosa muy seria nuestro mundo…”
…le vi sonreír con la mirada.

 

¿PARA QUÉ TANTAS FORMAS?

¿A quién no le gustaría salir a caminar
con unos zapatos hechos a mano por Boehme?
¿O deleitarse comiendo una mandarina
del Jardín de Lacas de Chuang-Tzu?

Lo quiero averiguar, y sigo mi camino…

¿Quién no quisiera observar las estrellas
a través de un lente pulido por Spinoza?
¿O tenderse a reposar sobre un manto
de lana cardada y tejida por Kabir?

Junto energía para hallar una respuesta.

¿A quién no le gustaría tocar una canción
en una flauta de carrizo hecha por Krishna?
¿O llegar a sentarse con hambre a la mesa
en un banco de madera construido por Jesús?

Obras maestras sencillas y prácticas.

Tal vez al final del camino sólo importe
el esplendor que brota de un trabajo completo.
La cantidad de energía que se junta en cada obra.

 

Se esmera nuestro respetuoso amor disponiendo
pensamientos cual flores sobre un altar

Basta un botón como muestra
de la belleza frugal:
la promesa musical
nunca pareció más nuestra.
Fieles a la obra maestra
comprenderemos los dones
en tan justas proporciones
y con tan dulce poder,
que lo mismo pueden ser
damas, limas o limones.

Correspondencias divinas
del color y del sonido:
los pétalos y el vestido
de la rosa sin espinas,
en las galas sabatinas
y en la tersura moruna
a la orilla de la cuna
penetran por el olfato;
porque la plata del plato
puede ser la misma luna.

Un símbolo de pureza
no es al azar una flor,
cuando su suave color
nos envuelve en la certeza
dejándonos donde empieza
la espiral de un caracol:
el milagro de un farol
en el centro de la fiesta
que ya dentro de la cesta
puede ser el mismo sol.

 

EL ÁNGEL VUELVE A CASA

El cielo
ojo inmenso
vaso de claridad

El cielo
todo lo que hay
entre dos arcoiris

El cielo
velas paralelas
para aves paralelas

El cielo
mil mercaderías
abolidas por el ocaso

El cielo
un golpeteo dulce
y solemne en las sienes

El cielo
la orilla del manto
con el talón en las nubes

El cielo
un techo que alcanza
la altura del metal precioso

El cielo
té de rosas otoñales
y metales suavemente oxidados

El cielo
un barco en la neblina
varado a mitad de un sueño

El cielo
la concha sin la perla
inmersa en su propio resplandor

El agua dorada del cielo
El párpado oblicuo del cielo
La esponja y el coral del cielo.

 

AUTORRETRATO

El hombre que me observa desde el lienzo
me ha vuelto a preguntar, de igual a igual,
si es verdad que la máscara del mal
es una proyección de lo que pienso.

Ante sus ojos soy un indefenso
ser eterno con sombra de mortal,
un conquistado más, un tal por cual,
un resplandor herido y en suspenso…

No llega a ser un astro, pero brilla
la respuesta que brilla por su ausencia
para los humanistas que no entienden
que rodamos del centro hacia la orilla.

Y al fin dos ascuas íntimas se encienden
al soplo de la lámpara amarilla:
¡La mirada ha perdido su inocencia!
Sigilosas las lágrimas descienden…

 

LA MÚSICA SILENCIOSA

La Canción está tan lejos
Como el Amor más cercano —
Mientras una Amiga espera
La Sinceridad en vano —

Poco dura la Aventura
Y menos dura la Fiesta —
Siendo el amor un Espejo
Que la Música nos presta —

Un Árbol a la distancia —
Dos Sombras en el Camino —
Tres Reflejos en la Mesa
Tras una Copa de Vino —

¡Qué transparencia del Aire
Diluyendo tanto Ruido!
Los Pasos que se aproximan
Con su Noche de Sonido —

 

MADRIGAL DE LA LUNA LÍQUIDA

Un alcatraz de humo
envuelve la caricia del incienso.

Así como se esparce
el aroma del sándalo y la luz
del clavel y la perla transparente
para ocultar el humo de los días…

Así como se eleva la paloma
sobre la tierra gris…

Así nuestro silencio
se extiende lentamente
como una suave red
sobre las pálidas conversaciones
de los demás.

 

PURIFICACIÓN POR LOS SENTIDOS

Si en el principio era el Verbo, era la boca
Entonces, y era la sal sinónimo de cielo
Que en grandes manchas de nubes se esparcía
Buscando el agua fresca y el tallo verde.
Allí un Oráculo habló queriendo ser oído
Por aquel caracol al Norte donde se escucha
Al unísono el Eje de Amor y la Estrella Polar:
La cruz donde los campos descansan bajo el cielo.
Allí se contó aquella historia que debía ser dicha.

“Sólo una voz se enciende al contacto con el Oxígeno
Brotado de las tiernas nervaduras de las hojas,
Como el fuego de los sexos que han sido separados
Y que frotando sus partes se quieren reintegrar
A modo de no ser más los Adversarios de la Creación.
¡Oh dobles sexos escindidos, las múltiples facetas
Del Diamante Vital llamando a su contrario!
No hace llorar la guerra sino el desequilibrio,
El humo de la hoguera y no las hojas secas.”

“¡Oh la Voz de los Sentidos en el haz del crepúsculo
Despertando ancestrales asociaciones por el olfato!
¡Oh la Voz de los Tiempos flameando sus banderas
Otoñales y un árbol de oro en campo de gules!
La Abuela de la Oscuridad y su esplendor
De miembros desarrollados por la necesidad
Ceñida al caprichoso plan de un estratega
Que, montado y orando en su caballo, de cabeza
Se interna en la bóveda más roja de la noche.”

No busca un escondite la Flama Inextinguible,
Sino la forma del amor en sus sentidos planetarios,
Y a la sazón descubre en la justa pareja
Su apoyo virginal, su reticencia fiel:
“¿Conquistadores en la tierra recién nacida?
¡Ni los Ángeles están locos, ni falta Paradiso!
La naturaleza de las metamorfosis es tal
Que no queda resquicio por donde pudiera escapar
El más leve rizo de humo al más agudo olfato.”

“Negación de la presa que corre a su refugio
Y de la tierra arada por expertas manos,
Por la música sublime de cálidas estrellas
Que en medio de la noche extienden sus brazos
Y sobre nuestras incomprensiones se acarician,
Llevando a cabo la generación amada de energía.
¡Oh Combustible Estelar, danos el sustento!
Que no falte al verano la luz de un laberinto
Dispuesto a escuchar esta canción de amor.”

“¿Necesita el invierno de su involución gloriosa,
De la revolución comandada por astros invisibles?
¿O nada más la punta del cielo, a cuya brújula
Ha sido dedicada la balada nocturna, necesita?”
Instrumentos azules de la Banda del Visible,
Del Mar de Radiaciones, frecuencias y silencios.
Que se disponga al alba la ciudad reunida
Por los comandos del aire y su pasión entera
Para cumplir con el pacto previsto en otro tiempo.

“Escucha y ve a la puerta del íntimo sentido,
Del cultivado aquí por dones y materia,
Donde duermen su sueño de formas encantadas
Los dobles amadores y amados de la retina;
Del Arco de la Alianza por donde pasan
Sólo formas perfectas aliadas a su imagen,
Pulidas por la luz solar de una primavera
Que bordea los campos y el listón de los ríos.
Que sigue la corriente y desemboca en la Visión.”

Se da el conocimiento de toda construcción imaginaria
En la circulación de lentas horas por una vida
Que por cuartas partes se distribuye al gusto.
Escanciado al encuentro de la boca y el sabor.
“No más los alambiques con fuego y sin reacción,
Ni la materia viva sin esa temperatura
Que puede hacer surgir del ritmo de los cuerpos
La fruición del acto cumplido en la pareja,
La clave prometida: la que abrirá otro cielo.”

—¡Esencias transformadas!— Que la Casa del Silencio
Se funda en un abrazo donde cesan llamas y hielos,
Ese vagar sin reposo de las contradicciones.
Un abrazo que abarca la tierra y el cielo,
Que desde todo el cuerpo alcanza su propósito:
Los barcos y las velas, y el viento que las hincha;
Los lagos y su concha de sigilosa blancura;
Las estaciones girando al compás de un reloj
Que es un sistema, es un planeta y es un cuerpo.

… y al centro de este cuerpo formado por dos sombras
Se genera por fin nuestro segundo fuego: el pan
Amasado por el tacto de los amantes celestes
Con las manos hundidas felizmente en el barro.
El tacto que recorre la piel con la mirada
Y que capta al instante el perfume perdido.
El tacto que profiere su alabanza y deleite
Y al oído que escucha esta canción desde el principio
Ofrece una vida más pura en la palma de la mano.

 

LA PRIMERA ESTRELLA

Cielo azul y nube de oro…
¡Qué sensación de eternidad!
Las lentas copas de los árboles
guardan airosamente su secreto.
Alguien pensaría en una señal.

Ala de pájaro que se deshoja.
Olas al fin de un mar inconcebible.
La primera estrella, demasiado humana…
La primera ventana se enciende también.

Siento mi corazón como un astro de vidrio
en medio de la noche que avanza.

Alguien llora entre las sombras.
Alguien ríe tras las ventanas amarillas.
Y el cielo se extiende, inmenso,
lleno de nubes sobre nuestras cabezas.

Un resplandor alcanza altura
y montañas dulcemente silenciosas.

Siluetas en el horizonte
callado, callado
regreso
a la casa del Padre.

 

NUBES

• E
— Este — primavera — aurora — aire — ángel — blanco —
el origen de la cascada y el manantial de la mente —
el minarete de la luna — la vaca de la inmensidad —
cúpulas de luz amanecida — eucaliptos en el viento —
ámbar de leche virgen — un arcoiris a punto de ser —
el ojo de los videntes recién nacidos…

• S
— Sur — verano — mediodía — agua — águila — azul —
cuerpos tendidos en la arena — tintineo de pájaros —
jardín de la adolescencia — suavidad de esas curvas —
azúcar en el vaso — mujeres reunidas junto al río —
la palma y la turquesa — conversación a media voz —
una ventana abierta a la distancia…

• O
— Oeste — otoño — crepúsculo — fuego — león — rojo —
la estrella en el perfume — las tres pistas ocultas —
fronda de piedras preciosas — una luz en el taller —
penacho con siete soles — ciprés de humo solitario —
embarcadero de las almas — melena del atardecer —
círculo dorado alrededor del corazón…

• N
— Norte — invierno — noche — tierra — toro — negro —
el vapor de una galaxia dura tras el cristal helado —
oscuros cubos de música — las canas del paraíso —
coronación de las montañas — la chispa y la ceniza —
tiempo y espacio laminados en el yunque del oído —
la puerta silenciosa del poder…

 

ESTUDIO EN BLANCO

Crece reverdeciendo viejos lauros
en el rigor del cielo cristalino
el sueño sin color de los centauros.

El fulgor del cristal por donde sube
la savia pertinaz solicitando
doble naturaleza en cada nube.

Mitad agua de sueños concedidos
mitad rodilla en tierra y oración,
el coro de elementos escindidos.

La rosa tutelar de los escudos
pendiente del esbelto pabellón
de la nieve con párpados menudos.

Y en la montaña alada donde pesa
la sucesión de notas de tal suerte
que es una catedral cada cabeza,

Son los cuerpos un beso por el mármol
son las voces, las arpas o las liras
como lunas temblando sobre un árbol.

Suave trébol del tacto y la mirada
bien audible en el centro de la noche
por una centinela enamorada;

por una pléyade que va sin gloria
a la deriva fácil de un capricho
o a la luz singular de la victoria.

A los pies de la estatua donde reza
la anónima leyenda, si se libra
la batalla de tal naturaleza.

Recuerdos en el aire cuando llueve
la canción transparente del deseo
y el vapor del estanque y de la nieve.

Sombra de sombra al fin, verdad desnuda,
evocación y temblor y despedida
de la estatua que es sorda, ciega y muda;

Mas al tacto le dice lo que quiere
esta condensación de transparencia
que a la luz y a la sombra se prefiere.

 

DOS ARCOIRIS

Sin mucho alarde
montes a la distancia
beben la tarde
y el águila en el cerro
clava una cruz de hierro

Hierbas de olor
la corona de olivos
alrededor
de nuestros ojos danza
doble arco de la alianza

La luz se cuela
desplazando a las nubes
flor de ciruela
profundo sentimiento
los ángeles del viento

Canta la sierra
donde la hierba canta
sobre la tierra
espléndida estación
de flores en botón

Claro que baña
desde la noble altura
pan y guadaña
la mitad cultivada
la otra mitad morada

Vuelan las hojas
de nuestro calendario
las tejas rojas
la mirada se pierde
el crepúsculo verde

Bebe la abeja
desde el botón dorado
hasta la oreja
resplandor en la hiedra
y una rosa de piedra

La golondrina
de la espiga naciente
hasta la espina
allá se escucha un eco
dentro del tronco seco

De nueva cuenta
los chopos y los sauces
tras la tormenta
y una encina detiene
la neblina que viene

Pájaro en rama
los montes a lo lejos
la noche llama
y un árbol nos platica
pero ¿qué significa?

Calma y grandeza
despréndese del cielo
flor de cereza
un hombre en el camino
bajo el cielo de vino

Sol azulado
termina la jornada
con el callado
y allá atrás nace un río
que se muere de frío.

 

LA VERDAD DESNUDA

Aparece un horizonte: me recuerda aquellos días de mi adolescencia en que esperaba pacientemente a una bella desconocida.
Mi mitad de sombra la esperaba.
Con vista de rayos x la podía ver llegar en el sonido a cuatro cuadras de distancia. ¡Oh cómo la sentía llegar!
Mecida en la dulce hamaca de sus trece años, y yo, con el corazón herido, la miraba directamente a los ojos y en silencio. ¡Qué ingenuidad!
Llevaba su retrato dibujado en el alma.
Por las noches afloraba en el estanque de mis sueños un rostro desesperado, hasta que el fuego de la vigilia encendía de nuevo la corriente, y en aquella estación se escuchaban voces.
Mientras los amantes dormían sobre la hierba, sobre las lentejuelas de sombra, yo sentía como si dos hombres lucharan dentro de mí. Luego veía surgir a dos mujeres del agua.
Mis pensamientos se desdoblan como la forma y la timidez de su modelo. Yo le daba un beso con toda mi alma… le daba un abrazo desde el fondo del mar…
Flores rotundas, flores volubles, flores abiertas a la mitad de la plaza.
Seguía picando la piedra imaginaria.
Tengo borrosos recuerdos de su figura: su pelo pintado contra todas mis expectativas; su conversación casual con los vendedores; el despertar de su pecho.
Al final del viaje yo recibía las migajas de una mirada al sesgo, y la veía como se ve una panadería de niño.
Me quedaba sentado, pensativo… una cascada cayendo en un pozo… ciervos en brama luchando en lo más profundo del bosque. Así fueron todos los días de aquella incipiente primavera.

Éramos una tormenta y un valle en calma.
Debo decirlo: desde entonces estoy a su merced.
Como un árbol frente a la puesta de sol.
Es la pura verdad.

 

EL CORAZÓN Y LA ZARZA ARDIENDO

Más allá de los bosques plateados en la altura
y de aquella muralla que cede ante la sangre,
vi la luz de la roca transparente en el tiempo
como un estanque en calma que se dora y que late…
las hondas concepciones enraizándose al ritmo
de las revoluciones… los astros del instante
en el corazón del mundo.

Vi cómo los lucientes caballos de batalla
que con sus largas crines dan vuelta al sol mediante,
sin sillas ni jinetes, cabalgando entre nubes
se fueron transformando también en un velamen;
la sensación oculta, la música en la espera
de las sombras azules: la cita desafiante
con el corazón del mundo.

Vi tormenta en el cielo, vi naves al garete
con el viento tendido y el timón en el aire…
poco a poco quedaron las maderas desnudas,
la torre de minutos, las ruinas de la tarde…
serenas ilusiones y viaje sin objeto
ni consideraciones al mar y al navegante
por el corazón del mundo.

Vi también a las aves de metal auscultando
después de oscuras nubes los rostros del diamante,
y vi los caracoles que los ojos acechan
desde la permanencia de sus ídolos pares.
Pasión por estaciones, insípida y altiva
la rosa no es el fruto, ni la flor lo importante
sino el corazón del mundo.

Es el laurel del sueño, la esponja de la noche
sobre las impurezas de espejos mercuriales,
que de cada silencio reconstruyen un triunfo
y el inocente empeño de una belleza afable.
Para reconciliarnos con esos que confunden
las cristalizaciones con rivales del arte
¡canta corazón del mundo!

 

PATINADORAS EN LA TELEVISIÓN

Vienen de lejos
y quieren llegar a ser estrellas:
ni demasiado bellas
ni ajenas tampoco a los espejos…
se disputan de lado
la sabia decisión del jurado.

Cromos de la tarde
en blanco y negro,
¡al compás de un allegro
esa pupila que arde
se desenvuelve en la pista
como toda una artista!

Dientes de leche y un río
revuelto de insolentes anhelos,
se deshojan los velos
en el frío…
saben de sus recursos
y conocen muy bien estos concursos.

Alzan los lánguidos brazos
y estiran las piernas delgadas…
sobre las pistas heladas
son sus trazos
un primer desencuentro
con el amor desde dentro.

Lentejuelas silbando
con lo más audaz de la moda…
la vanidad es toda
pues hoy es cuando
los ojos echan chispas
y los patines zumban como avispas.

Están de acuerdo con la liberación
mientras no caiga en el libertinaje,
y de ser estrellas del patinaje,
pasan al balcón
para ver si se les concede
la pelota de nieve.

Reflectores al aire
y bocinas con eco,
entre las nubes de hielo seco
se confabula un desaire,
porque pasaron sin ser notadas
¡y eso que no son hadas!

Detrás de la pantalla mientras tanto
se evapora el sudor del nervio;
como dice el proverbio:
aquí de nada sirve el llanto,
para entrar en materia
lo que sirve es la feria.

 

NACIMIENTO DE UNA NUEVA FLOR

I

NACIMIENTO DE VENUS

La luna está escondida detrás de tus pupilas,
De tu calma radiante, de tus aromas lilas…
Vapores impregnados de líquenes y setas:
Un sueño coronado por íntimas violetas.
Y un beso está escondido detrás de la corola
Sin buscar otros labios que la arena y la ola;
Perfume de tristeza que palpita en el centro
De una Venus bañada por el mar desde adentro.
El milagro que envuelve la luz a la medida:
Su párpado, su llanto, la savia de la vida
Cuando el sol amoroso sin cesar se desvive
Por el rayo de tiempo que un pétalo recibe,
Con los ojos abiertos a la hora donde gira
La niña diminuta que impávida nos mira.

II

BELLEZAS JUNTO AL MAR

El aire de los montes es el único huésped
Aparte de las auras flotando sobre el césped
Del vestido de plumas del cielo donde vuela
El tiempo y sus disfraces de muda lentejuela.
El dibujo es honesto, el color es infiel
Y el espacio desnudo toma visos de piel
Al ritmo de las horas cantando su tonada
De azúcar y de nácar, de sol en la mirada.
Un triángulo de formas dispuestas al amor
De la vista pendiente de un paisaje mejor
Que enciende lentas ramas con luminosidad
Surgida de los cuerpos de luz de una ciudad
Que clásica y distante se quiere desprender
De la imagen amable de un paisaje-mujer.

 

BAJO EL LIQUIDÁMBAR

Un largo fin de semana
entre las blancas nubes aletea:
la sombra en el entrecejo
y el sol sobre la curva de la frente;
son las diez de la mañana.
Mi incansable pupila te desea
—fraternidad del espejo—
que llegues a fluir serenamente.

La realidad invertida
más allá de la pila de razones:
acá donde cumple el viento
con el pacto que tiene cada rama,
para equilibrar la vida
se encienden nuestros corazones
en la fuente del momento.
¡La verde melodía es una flama!

La imagen en el pasado
parece suspendida en la corriente
de su voz y de su tiempo:
—resignado mi espíritu se deja
ser en el jardín cerrado
del sol un parpadeo de repente—
se diluye con el viento
la tarde que en mis ojos se refleja.

Bajo el liquidámbar sigo
y al compás de los árboles lejanos
bajo sus hojas espero
con tanta fe que olvido la tardanza.
Muy cerca de lo que digo
allí donde florecen mis hermanos,
muy cerca de lo que veo
allí donde la música es la danza.

 

TRES HAIKUS

I

LA CUNA

Cuarto creciente
un bote en altamar
y un bote en calma

II

MATERNIDAD

Una por una
las nubes no se cansan
de ver la luna

III

LOS OJOS DE MI HIJA

Me asomo y veo
lo mejor de mí mismo
en tus pupilas

 

LA PAREJA ECUATORIAL

I

FLORA

Traigo nubes de lodo en mis zapatos
después de una noche de pensamientos

La voz envuelta en papel de china
llama de lirios los ángeles sin alas

Mientras la escarcha se insinúa
sobre las hojas y las frutas secas

El sol completa las 12 vueltas
y reina la oscuridad tras la ventana

El arco del camino canta mejor
que el pozo del arte más profundo

Pero el recuerdo de sus formas
bien que lastima mi corazón

II

FAUNA

Este salvaje emplumado en trance de vuelo
esta ave del Paraíso a punto de enrojecer

Es a veces la flor caída de nuestro deseo
y a veces el fruto ascendente por la llama

Su brasa recóndita o su fiera inconmovible
danza alegremente al ritmo de las hojas

Mientras cantan los últimos pájaros
y el cielo pesa donde el sol se pone

Árbol de corazones en el diván del tacto
festín para los sentidos y savia doradora

La que madura en las escalas cromáticas
perfuma el sueño de nuestra selva interior

Se ha quitado las sombras con paciencia
para escuchar el llanto de los astros

Y como su desnudez ha sido vista al fin
un cielo más real está ganado de antemano

 

LA MALA HIERBA

Verano en llamas… sólo llamas
pero nadie te quiere escuchar.
Llamas en profundo silencio.
Tu cabeza está a punto de florecer
cabeza de papa o fruto febril
en el banquete de los títeres perdidos.

Te venció la extrañeza desde el deshuesadero.
Dientes amarillos y párpados púrpuras
labios verdes en cavernas de fósforo
y el sombrero girando como un sol
a la velocidad de tus pensamientos.
Desaforados pensamientos de paz y perfección.

Ya nadie se fija en la sangre prendida
quemando la alfombra maloliente
la barba de biznaga en el desierto
la mala hierba del pecho y tus tristes orejas
para regocijo del cielo que se derrumba
con ángeles fritos en el entrecejo.

Sombrero dorado sin sombra de duda.
Nos vemos detrás de la morera
en el patio mal cuidado del hospital
para limpiarte la garganta
y los pómulos calcinados en balde
para lavarte la costra y la costura.

A ver quién aguanta las brasas de los huesos
el húmero ardido hasta la médula
el calcañar mordisqueado por la plata
la clavícula oculta en el pajar de los hombros
y las costillas que aún en el desastre
guardan su calma.

¡Cúbrete hermano! Que nadie escuche tu silencio,
tus colores quebrados, tu espantosa alucinación.

Los ojos fijos en el hongo de la duela
en los resortes vencidos del camastro
del hotel siniestro, del espejo roto, etc.
Urge una renovación en el infierno.

¿Qué quieres?… vamos a reverdecer.

 

LAMENTACIÓN DE LA VACA ROJA

Aquí viene la vieja dolencia
vagando en campos de esmeralda,
en las pupilas doradas del centeno,
en los pensamientos de lavanda,
hostigada por los cardos agudos
como nube ensartada en un ciprés.

Y creemos que la naturaleza nos puede curar
sólo porque ella misma nos dio la enfermedad.
He esperado este momento y no sueño, siento:
yo también he sufrido. He visto la vaca roja.

Nuestra vida es una luna inmensa,
nuestros pensamientos una nube más.
El cielo es una promesa quebradiza
y el sentimiento una mujer que pasa.

Mientras los hombres se sosiegan poco a poco,
las sombras callan y los niños se ponen a llorar
por la leche de la tristeza, porque da la vida
para matar el tiempo, me inclino por la mujer.

Fúnebres cipreses en el viento,
ya van a la mitad del camino
los hombres y la vaca roja.
Un perro pequeño los sigue.

Grandes árboles crecen de adentro hacia afuera
y las estrellas son demasiado pequeñas para ver.
Yo también tuve una vaca roja, mas no quise
venderla ni matarla. No hice un buen negocio.

Dejemos atrás los sufrimientos.
Afuera llueve y estamos solos.
Las violetas han perdido su aroma
y el ganado las está comiendo.

¿Qué es el hombre en medio de esta inmensidad?
Bajo la pesada carga de sus planes y sus sueños
su corazón no comprende el sacrificio de la vaca
desfilando con solemne paso, camino al matadero.

Cuando las ubres ya no den más leche
la van a usar, quitándole la vida.
No más los dulces manojos de alfalfa
ni las islas espigadas, ni el calor.
Nadie paga por ver una vaca roja
con el triste rabo entre las patas.

 

LA MÚSICA Y EL ECO

He aquí la vieja costumbre de la especie:
¡Mirar un cuerpo y entonar una oración!
El martillo de espuma cincela cada pose
y las cuerdas recortan un espacio musical.

Alguien que espera aquí soporta la humedad
de los muros con flores de amapola y jazmín,
del sueño en el azoro que en medio de las horas
desliza sus dedos sobre el enigma creciente…

Esta tierra quiere mecerse al ritmo de la sangre
que encuentra en el amor la felicidad perfecta…
sólo que nadie la ve realmente, porque todos
nos consideramos demasiado importantes.

¿De dónde entonces viene esta melodía
que corre un velo sobre la miseria cotidiana?

¿Qué es esta almendra de oro que desde el sexo
llama a la estrella gemela de su plexo solar?

Es la noche que llora velada de misterios
y da forma a los frutos de un amor olvidado.

Es la sensación de haber perdido para siempre
la quietud de la tierra y la calma del mar.

 

PAISAJE SIMPLIFICADO EN LA MENTE

El tiempo estaba de nuestro lado
como un río que no puede parar
y su rumor nos tranquilizaba
lo sabíamos demasiado bien

Estábamos en la cima del mundo
en la punta fabulosa de una montaña
cuando dijiste algo que no pude escuchar

Sin más comunicación que la tormenta
de nuestros corazones el refugio
entre salvajes enredaderas
y besos dados al azar

“Todo es posible —dijiste—
los espejos nos pueden curar”
Promesas junto al río, promesas…

(Y yo que todavía creo en la posibilidad
de aparecer en el horizonte
de todos los momentos
en que has estado
sola…)

Vidas cristalizadas
en la inquietud de la noche
al compás cadencioso de un blues

Las lágrimas resbalan
cual diamantes en la hierba
mientas que tú me das la espalda
y el mundo gira en una sola edad de oro

Dime que todavía me puedes conducir
a través de la niebla en todo verano
o bien entre las noches quemadas
y las breves luces de la ciudad

Despierta por favor
a días más brillantes
a sombras más brillantes

Quédate que estoy ardiendo aquí bajo la lluvia
bajo perfectas nubes repitiendo tu nombre
somos amigos más allá de ese verano
no puedo pensar en nada mejor
que este amor imposible

Y no quiero desear otra cosa
que la plata pulida del instante
el oro de la distancia me transforma

A la suave luz se evaporan y disuelven
el sonido de estas aguas es eterno
el amor o el olvido: aquí estoy

 

CLIMAS INTERIORES

No sé qué decir
del otro mundo
El gusto que da la luz
sobre la silla de sombras azules
en el momento del desayuno
es un portento de sencilla paz

Y qué decir de la ventana
por donde se puede ir la mañana
—el domingo entero—
sin salir a la calle
Un poco de café nos espera
con el mismo aroma de siempre

Y una flor de centro rojo
en las cortinas
y el polvo de las nubes amarillas
Un niño estremecido al ver
que ha nacido una constelación
mientras afuera llueve

Unas rosas invioladas
por las cosas de todos los días
Las uvas en el plato
y en el mantel la radio
para escuchar a las estrellas
y ser uno con ellas

El humo de la cafetera
se llega a confundir
con un rayo de luz
—estamos en mayo o junio—
Junto al pan de centeno la fruta
nos brinda su frescura

La puerta es clara todavía
—una cierta melancolía—
al fin y al cabo la vida diaria
la apetecida razón de ser
Mi corazón también despierta
al son de la mesa puesta

 

NADIE NADA EN EL BOSQUE

Bebiendo la luna del musgo recién llovido,
me asomé por el óvalo de un espejo a la caverna escalonada de lilas y de lirios;
Vi que el trono era un delicado molusco en el oído,
era un nido tejido con esencias:
almizcle y heliotropo, clavel y perla azul.

Vi de polo a polo
la toalla de plata detrás de las cortinas, la obradora de los mil prodigios…
Vi la veleta girando bajo las nubes:
la paralela solución de un pez en su elemento.
Catedrales a la deriva de un sueño en el interior del ámbar y un alcatraz cristalizado.
Sombras chinescas del Paraíso —coral blanco y ojos negros—
Cala de oro: trasluz.

Vi a la novia con cardúmenes celestes,
con la cabellera trenzada por un viento submarino que tenía la
forma de un cuervo
Una lenta floración de nubes humanas bajo las hojas tibias de
los almendros brotando a la primavera del primer deseo.

(Espina radial —doble columna de agua— ojo y piedra más-que-preciosa)
Aroma de la voz en el bosque invertido por el atardecer
y en el paladar una señal: una estrella de azúcar.
Lúcida cintilación
como una espiral en la planicie de las sienes.
(De ventana a ventana un cometa sostenido por las bestias del Zodiaco),
una escalera de neón donde las golondrinas transmutan su ingrávido verano en un pozo repleto de luz;
un girasol sagrado nacido en las colinas de la visión.

Un cuerpo extraordinariamente bello estuvo aquí:
la profundidad difuminada del estanque
vela por la perfección de sus formas.

Lo que sigue es el silencio de la amatista y la amapola, el perfume de las espigas,
la pereza del animal ensimismado en el laberinto del oído,
la lentejuela de la rosa y el limón.

 

EN EL PAÍS DE UN MEJOR CONOCIMIENTO

una piedra que canta la alabanza de su peso
una rosa que llora al alba su propio rocío
un gallo iluminado por el sol desde dentro
y un ser humano reconciliado consigo mismo

en el país de un mejor conocimiento
hay un estanque lleno de sirenas transparentes
hay un barco resplandeciendo a la medianoche
hay un cerro que piensa cosas maravillosas
hay una ventana abierta al fondo del mar
hay una balanza de innumerables brazos
hay un circo y su carpa es el cielo
hay un perro que es su propio amo
hay un ajedrez sin adversarios
hay una torre sobre la brisa
hay un mantel junto al río
hay un sombrero con alas

una barranca que se abre y se cierra
según el vértigo de quien la mira

una fruta tropical que a veces crece
dentro de las piedras preciosas

una planta con bellas cartas de amor
escritas en cada una de sus hojas

y coronado por las nubes de colores
un árbol inmenso en medio del mar

un alcatraz que se aparece
allí donde se cruzan dos miradas

y un pino sobre el acantilado
haciéndole cosquillas a la luna

un yunque donde se forjan
redondos minutos de cristal

y un amanecer que sobrevive
a un atardecer interminable

en el país de un mejor conocimiento
está el Creador más allá de todo nombre y toda forma
y viven viejos que son sabios como los niños
existe un camino que va a donde quiere
cuatro poemas dentro del corazón
existe un amor correspondido
hay una idea perfecta
hay un silencio

 

UN VERANO CON ALMA DE CABALLO

La crin de los días no basta para el sueño,
para el vapor plateado de nuestra soledad.

¡Ah, si la bestia rojiza recordara su senda!
Con la pura armonía de su galope oscuro
surgirían los ángeles —tan silenciosamente—
como un claro rebaño del bosque otoñal.

Nubes de vidrio flotando en la llanura…
Con alma de caballo recorro estas praderas
azules: el ritmo es el principio del placer.

 

LA MUJER DE AMEDEO

Una blancura inerme asciende por el brazo,
traza el abanico de la carne y toma aliento
en la curva del hombro, en el repecho
que ofrece al visitante un dulce río
de botellas plateadas y largas horas.

Templos incandescentes, sombras luminosas,
aves nunca vistas en la luz conjetural
y la bruma como un sol indispensable,
sostenida en la balanza de las piernas
por un prodigioso acto de equilibrio.

Amaba el cuervo de tu cabellera, y esa calma
donde la polilla extiende su fosforescencia,
esa delicada inclinación de la barbilla
a punto de llorar, y una vida que dice:
“Hay sufrimiento… ¡yo lo conozco!”

Te buscaba en los restos visibles,
en la monumental arquería de huesos,
en la boca más sabia y en el mejor bocado,
en el sillón aquél y en la profunda sangre
donde la punta del hilo alcanza a distinguirse.

Tú guardaste un silencio en cada cuerpo
y supiste seguir hasta la misma raya,
hasta el cristal cortado, siempre ausente.
No se puede saber… Tal vez fuiste la misma
que encontró su libertad tras la ventana.

 

MATZEVA

Caen los rayos del sol de medio cielo
en esta espléndida mañana de domingo,
y mientras el rabino expresa en yiddish
hermosas sentencias, profundos pensamientos,
no falta el vivo que pule
los últimos detalles de un buen negocio.
Sé que si el abuelo estuviera aquí
buscaría un lugar bajo los árboles
y tocándose el ala del sombrero
entre dientes murmuraría
—mitad en español, mitad en ruso—
algunas palabras de compasión.
En vano trato de sentirlo ahora.
Por más que estoy atento
no lo puedo captar con los sentidos.
Lo que en él sobrevive
—si es que hay algo que sobrevive—
no es cosa de los sentidos.

Pienso en el abuelo
y escucho el silencio de las piedras.
Pienso en el abuelo
y veo las copas de unos olivos en Jerusalén.

 

BLUE ROSE

Anoche vi de nuevo
bajo la luz de las farolas chinas
la mata de rosas plantada
en medio de una postal iluminada a mano

Ese rosal estaba creciendo
era una esponja llena de vida
que chupaba con fervor
la oscuridad del cielo

Yo recordé inmediatamente
aquellos árboles en el silencio
de una noche de rosas ácidas
punteada por las gárgaras del alumbrado

No me fui de puro milagro
pero hubo un momento en que me vi separado
de esta envoltura que llamamos cuerpo
como un dulce listo
para ser engullido

En la pantalla sin fin
vi el hilo de mi ombligo hasta la luna
y era yo como una araña a media noche
el oleaje de los cipreses era viejo
y las columnas de plata reluciente

Vi también que alguien podía
jalar del hilo aquél en cualquier momento
sentí miedo primero luego terror
después no sentí nada

Vi mi cuerpo tirado
en la calle la gente que pasaba
y que al verme se detuvo
por pura curiosidad o compasión
con la tristeza reflejada en el rostro

Mas anoche que vi de nuevo este rosal
ya no pude sentir miedo
ni terror ni melancolía
mi soledad me dijo que la vida
es más grande que lo que ha de morir

 

NOCHE DE GALA

Anunciaciones en el día de la batalla
en el día del narciso fosilizado
en el otoño de mi infancia

El fuego rosa y la almendra del crepúsculo
bañan la cabeza paterna con un sol azul
y el cubo ecuménico de nuestras emociones
encierra un amor imposible
convertido en cenizas por los demás

Prefiguración de una mujer
sentada desnuda al piano
en medio de la playa de mi vida

Delante del espejo deshilachado
una sombra nos divide

Un hombre en el aire
nublado por los leones del deseo
sacrificado en mi niñez

Comencé ya viejo mi juventud
y cuando llegué a la fuente de la risa
las hormigas sellaron mi boca

Y no pude beber a la puesta de sol
tiburones en la palma de mi mano

Y los músicos tocaron por necesidad
junto a la cama de pino y el tocador
de cuerpos elevados a cierta perfección

Pues la comunión siempre es simétrica
hasta en los menores detalles
viendo por los que no pueden ver
a la madona del pan áureo

Y el niño-dios sentido por primera vez
tras la explosión en la cabeza
provocada por un ángel

En el cubo de luz
jugaba virtuosamente con el sexo

El cuerpo es el mejor amigo del hombre
el guante de nosotros mismos
bajo el címbalo suave de la luna

Quedando el nacimiento en foco
recuerdo la oscuridad en perspectiva
la tierra amenazada al fin

Como una oreja que escucha a otra oreja
en la batalla decisiva

Sin que nadie sepa qué quiere decir
haber nacido del oído
por el oído y para el oído

No se escucha en la noche mi pregunta
ni se extraña el escepticismo de la madurez

Nada de ¡Aplastad a la infame!
hoy que la guerra ha comenzado
y los jazmines estallan también

Nada toca nada
en los azules espacios siderales
nadie toca a nadie

 

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

I

Amanecer de los sentidos
las islas esculpen
al mar y al sol cincelan
un destino en gestación
con órdenes selladas
y abanicos de meteoros fundidos.

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

Siempre que las llamas se ceban
en los cuerpos oleosos de los reyes,
ahí donde el arpón de los huesos
sacrifica al genio de la especie,
con los números cosidos al origen,
el tres y su fama primigenia…

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

II

Los grandes transparentes cristalizan,
la espera prefigura la costumbre:
El espacio no es una extensión
sino el imán de las Apariciones.
Tan lejos como quieras
pero con la promesa de volver…

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

Ahí donde las miradas
se detienen y vuelcan su cubo:

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

Corazón del ágata,
carbones encendidos en el cielo:

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

Rizos de la noche,
pozo de soledad donde la luna llora:

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

III

Mensajes del planeta,
mensajes de los dioses,
escudos de arena donde la rosa
de los vientos recuerda su futuro.
La razón es simetría
pues hay ritmo, hay movimiento.

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

Las horas navegan por los ojos:
Las formas buscan su forma,
la forma busca su disolución.
Así es la vida…
ahí donde aparece el Arte
desaparece el nombre.

MIENTRAS HAY ESPACIO HAY TIEMPO

 

SOÑANDO DESPIERTO

La hora es un reflejo en cada cosa
Universos vertidos en la almohada
Que sostienen la forma prodigiosa

Del blanco mirador en donde nada
Sin ser mirada una mujer hermosa

Cristalizada miel por un instante
La luz aquí: las nubes a lo lejos

La espuma de los días por delante
Luciendo suavemente en los espejos
Su cándida belleza tan campante

El diamante del aire está despierto
El triángulo del sexo está dormido
Y el horizonte azul al fin abierto

Contempla sin haberlo merecido
Este cuerpo perfectamente cierto

Este amor infinito de repente
Esta concha de mar o esta paloma

Una dulce cascada transparente
Que del foco del cuarto se desploma
Como sol en el centro de la frente

Esta luz evidente que regresa
Hasta la habitación donde se mira
Una gota de música en la mesa

La veleta que llora cuando gira
Contra el viento de la naturaleza

El murmullo del agua cuando mana
De un paisaje cubierto por un velo

Como una anunciación de la mañana
Como una ensoñación en otro cielo
La vida es una luz en la ventana

Y el arte es otro sueño similar
Del cual yo me quisiera despertar

Tras El Rayo

TRAS EL RAYO

 

I

Primera llamada: se desdobla el espejo,
vibra, se extiende…recorre su calzada
de ancestros milimétricos y mira
la misma dedicatoria de siempre:
A la raíz del rayo

Rueda la luna de yeso
y los niños levantan el vuelo
con la ropa blanqueada en apariencia.

Parvadas muy antiguas son éstas,
cansadas de gritar su nombre,
cansadas de tirar su alambre
plateado de saliva.

 

II

Son rayas de gis
en puerta abierta,
son niños que juegan
delante de los ojos…

Un yunque en reposo
y una herradura en movimiento,

Son los caballos rojos
y los montes nevados de felicidad.

¡Que se prenda el incienso!
¡Y el fuego del norte!

Que el hogar esté listo
con la brasa inviolable presente
para poder captar este momento
en las ventanas encendidas
y en los frutos mismos
de la imaginación.

 

III

Segunda llamada:
corrientes sutiles.

Con dolor ha entendido
que toda vía es tiempo.

Con los sueños comprende
la predestinación de su trabajo.

El anagrama de la roya
en campos sembrados de café.

¡Qué larga travesía por el cuerpo
para llegar a ofrendar esta semilla!

Sobre la múltiple materia coronada
floridos estandartes en acción.

Tambor de doble pétalo,
un pueblo al otro lado del mar.

Hasta aquí llegaba la frontera:
su nombre es la clave.

 

IV

Aquel que avanza por el sueño
es como una piedra con alas,
es como un meteoro…

Un hoyo negro lo recibe:
listón de doble filo,
carnal de vastedades.

Allí el niño se acuna,
su tronco se hace hueco
en la luna transparente.

Su pequeña calavera de cristal
viene rodando por la noche,
¡quiere dar la hora!

Por el cielo momentáneo
se asoma la procesión
de espesos magueyes
y estrellas aromáticas.

 

V

Se ha formado el óvalo y se nace
con la cuádruple dimensión
del que está desprendido
cayendo para siempre
a la noche del atrio.

Hacia el astro que rueda
debajo de la puerta.

Cayendo para siempre
al zaguán de la quinta.

Hacia de tapete doblado
como una vieja pasión.

El polvo del camino
y el vaso más la sed
no son ya la fijeza:
los vitrales del sol.

 

VI

Mas la distancia menosprecia un astro,
termina su labor y emprende el viaje.

Los esqueletos cromados flotan
junto al foco pelón de la luna.

Un grito en la oscuridad
rompe la concha ensimismada.

¡Se están robando el reloj!
¡Se están birlando los planetas!

Hay una sonrisa en el mundo
que se vuele mueca…

Hay un hombre sentado en el muelle
que no tiene prisa por volver.

¿Serán las puras matemáticas
de las consabidas ilusiones?

Tercera llamada: ¡Comenzamos!

 

VII

Me he llamado en el desierto
y he venido, he aparecido.

En las minucias de la hormiga
y en las calzadas cardinales
del sacrosanto espacio.

Abeja de lo invisible,
tu hormiga te saluda.

Tu pueblo quiere volar
en medio de esas azucenas
dejarse llevar del aire
al oriente de panal.

Redobles magistrales
para que mi unión se prenda,
para que el reflector aislado
desaparezca en el sol.

 

VIII

Contempla el horizonte,
contémplate de nuevo…

Eres el acto en el acto.

Buenos cielos rodando a discreción
y malos cielos cuando el cielo es malo.

Hubo una vez un ascensor
según la ley de las octavas,
hubo una vez una escalera.

Y aunque los nombres se repiten
se eleva en la obra negra
la posición del espectador.

La espiral recobra su velocidad
mientras que duerme la tierra.

He llegado a la cita
del mundo y sus sentidos.

 

IX

Parezco el más blanco,
pero mis sombra es engañosa.

Dejo que las casas queden
plácidamente rumiando
su dosis de figura,
su sol aderezado.

La soledad de mis visiones
se pone de acuerdo con el viento
y con la fluidez de las montañas.

Mi campo de acción crece
con la virtud geométrica
de las nubes amarillas.

Alguien más fue visto en este sueño,
pero el rumor que agitaba los maizales
no permitió conservar ningún recuerdo.

 

X

Muy lejanas voces anuncian
el rápido galope del deseo.
Te abres paso mientras alzan
las densas cortinas del numero.

Ves arenas de claridad:
el ámbar de la mujer pequeña
en comparación con la plenitud
del–arco–siempre–visto,
la–cuerda–siempre–viva.

Aquí los placeres sostienen
la carpa tenaz del pensamiento.

¡Viva la voluntad de la polea!
porque es capaz de sacar del pozo
esas oleosas imágenes que medran
en la oscuridad del agua.

 

XI

Ha de durar todo esto tanto
como ha durado ya, tal vez…
y has de cruzar este desierto
comiendo lumbre, bebiendo arena,
pero el temor al sufrimiento
no encuentra todavía su meta.

Cristales de colores
son tus constantes afectos,
pues permanece el verano
y un ruido en el jardín.

Varios mundos al brillante del ojo
para que un hombre encienda cada noche
en tu cielo marino los cometas.

 

XII

Que la vista dilate los muelles,
que desembarque formas en el tacto.

Arcoíris: llama en la llovizna
balbuceando los nombres de la luna
se forma y se desforma en el jardín.

Aquí donde las estrellas vibran
en las crines de la hierba,
y en el mar inconcebible
por falta de fronteras.

No es cierto, no es cierto
que el agua crece de perfil,
que la luna crece de costado.

Aquí estás y todo es único:
el adiós y la gota de sangre
que constela esas medias negras.

Has sabido remendarte las alas,
vestir al último grito de la vida.

 

XIII

Después de tanto atardecer
nos queda sólo una vasija rota.

Más allá del dolor y de la mina
éste es nuestro patrimonio:
le serie de abetos crecidos
en la casa de cuatro pilares.

En la primera puerta hay un rosal.

Padres antiguos en la tierra
cuadrada por los vientos
y por los ángeles que riman
la llave del rayo…

Vidas breves, deseosas,
en el libro imaginario del mundo.

Láminas de buenas intenciones
cifradas en la simetría
de su propia locura.

 

XIV

En este sentido la madre
se confunde con el paisaje.

Es la segunda, Nuestra Señora,
la luna de todos los instantes.

Alta, potente y solitaria
como toda fruta a la deriva
en el agua redonda del mantel.

¿Qué patrones sostienen el proyecto?
¿Qué salvamos, si es algo lo que resta?

Queda la luz que afila los espejos
y las hondas voces del encuentro.

Queda la doble guinda que vela
como una ventana transcendida,
separada ya de nuestro sueño.

 

XV

La tercera es la voz,
con la cuerda que amarra
a las plantas y al viento.

Un faro fiel, inexplicable,
¿pasos sucesivos? … ¡simultáneos!
Disolventes al ritmo del relámpago.

Podemos oler aquellos bosques
que reverdecen al fondo del taller.

El humo de la estopa quemada
en el aire enrarecido de la raza,
y el corazón prismático del ocaso
y nuestra bien nutrida fragilidad.

 

XVI

Tenemos que hablar,
como siempre sucede,
de la herida terrible
y los múltiples atajos
de la vida y la muerte.

Las nubes se aprietan,
los montes saltan a la vista.

Las flores nos hablan por las piedras,
las piedras nos hablan por los ojos
y por las dispersas islas
del desafío social.

El campo se curva de dolor
con el llanto constante de los muertos.

Esta lloviendo y no queremos volver.

 

XVII

Si estamos divididos
no estamos todos.

Hay un ritmo en las nubes,
hay un ritmo en el viento.

Pasan las mujeres flotando
sobre los campos de cultivo.

Las puertas quedan abiertas
a su debido espacio…

Los gallos plateados
cantan al otro lado del espejo.

El cielo es una hipótesis,
un reflejo de la bóveda mental:

Si estamos divididos
no estamos todos.

Reconoce pues las figuras
que se desprenden del relato.

 

XVIII

Tuvimos que entrar a la batalla
en la contrariedad de los caminos:

Los cuadros blancos
y los cuadros negros.

Tomando la doble hacha
por el mango de encino,
a contracorriente navegamos
en las ondulaciones del azar.

Nuestras pruebas nunca fueron
los controles del mundo.

Aquí se acaba la danza,
la locura recobrada, merecida,
pues igual quita la luz
una sombrilla blanca que una negra.

Mientras el disco de la luna
sigue girando bajo el diamante…

Los presentes defienden
la roca del siglo.

El largo camino hacia Ti

EL LARGO CAMINO HACIA TI

 

Con la luna entre las cejas, con su paciencia, con las ágatas que guiñan y lo saben: una vez más, río de peces, árbol del cielo, son hojas que nunca volverán… criaturillas que encuentran su destino en el borde anaranjado del mantel.
Duerme, pero ya despierta, ya la serpiente parte en dos el horizonte: es un sol que baila en la pura línea de la muerte y el nacimiento. Es necesaria su punta de flecha para animar a los miembros ociosos.
Altas aves en las alas y curva de pensamientos bajo el brazo; con ellos construyo este tejado que me protege de las lluvias. Hay una estrella que se enciende porque el Padre lo quiere.

 

Recuerdo la escalera, la negra, su paso de barco ebrio en las pálidas alfombras de ceniza y, seguramente atrás, el sombrero blanco sobre lentes negros: contrastes que sustituyen a las fotos.
Un cielo mejor que el hierro, mejor que el concreto deslavado, un aire nuevo y sin embargo… lengua de algodón, este silencio que entusiasma, que prende un halo voluntario alrededor de los velices.
Es necesario este campo de plumas, el humo que hace llorar los ojos: hojas atómicas y verde corazón. Está la Madre sentada o de pie, custodiando los pasillos del aeropuerto, mientras el loco sube las escaleras.
Nada importa al estupendo bailarín que hace girar los corazones con una cuerda muy antigua. Busca el fondo del avión para recuperar con su sueño el mundo de los sentidos y el de los resentidos.

 

No tiene la vida nada mejor que esta hora de clara frescura en que juntos desayunamos sobre el mar de nubes. Barcos de vapor que sin ángeles propicios hallan su rumbo y levantan acordes en el cielo justo a la altura del médico interior.
Uno y otro sin otra pretensión que dar la mano, cruzar esa fragancia que dobla los sauces sobre el río. Colcha de claridad donde las vacas lentamente se disuelven, y ese caballo que sacude las alas, ese sudor que no puede confundirse en el espejo.
Gracias por la tierra, por el flujo de energía que se agita en cada beso. Después de que todos han abandonado el pasillo, ella aparece: trae las luces prendidas.
El camino es una cinta de palabras entre nubes sentimentales. Ha pasado el dragón quemando las hojas nuevas de los árboles. Hay estrellas que dulcemente se balancean y no saben salir del laberinto. El toro y el deseo se dan la mano: ya la vasija recobra su batalla, su perfume.

 

Hombres petrificados, mujeres de sal en la escalera: parten en cuatro este patio sencillo. Una cascada, lejos del mar, pero en la frente, parte la piedra como el sueño de la almeja.
Es una mirada que conoce la locura, camino a los trenes en la vía sutil, en la escalera horizontal: ¿por qué se murió?… porque… ¿por qué?… porque… ¿por qué? Ya estamos en el cielo y son ángeles los que tocan a la puerta con la mano pegajosa por los dulces. Mas no apresures el viaje en lo absoluto… en lo absoluto.
Son rocas, matorrales, y en el polvo ese jinete que lleva su pasión entre las manos: lajas descubiertas por el tiempo, tal vez el mar en otro libro, en otra canción, en otra tienda… cruz de murciélagos y la voz india que clama por su tierra: ¡somos abono!
Nunca supieron mejor estos duraznos que hoy. Nos vienen de la mano misma que plantó los árboles. La manguera que duerme bajo las ruedas del camión quiere despertar, dejar atrás el pozo que se queda, se queda…

 

En esta esquina salió el diablo, con piedras el rico lo quiere tapar. No le gusta la competencia en sus terrenos, de preferencia, y detrás de la reja, en formas blancas quiere perpetuar la memoria de su desatino. Hoy todo el pueblo puede bailar en estas terrazas.
Más casa que nombre, más cielo que casa, las golondrinas trazan un árbol mental para encontrar refugio. Pájaros confiados a la voz indiscutible del día: sillones del aire, camas suaves para damas almendradas.
Los niños salieron confiados. No tuvieron que llegar hasta el sepulcro: las estrellas de mar así nos lo confirman. Pasan seguros delante de los viejos: caballo, perro y frutas son su vida.
Es verdad que faltan algunos dientes, pero la sonrisa no se hace esperar: hasta la casa tiene arrugas. Pinos azules y carros verdes; en este paisaje rosado la vejez hace su nido.

 

Por caminos de piedra, restos de aquellos dioses, conchas en la montaña: cuna de sabios atardeceres. En el huerto de nogales vibra el relámpago emplumado del correcaminos y las serpientes vegetales disuelven al sol en sus fauces abiertas: frutos silvestres.
En la mano de un niño la vida palpita: un pescado constata que el aire no sirve para llenar de fuego sus pulmones. Apenas unos cuantos aletazos y el garfio de carne desesperada: a río revuelto, ganancia de pecadores. Nadie puede vivir fuera de su elemento.
Hay ciudades, instrumentos, panes y ciertos animales que extienden su casa más allá del oscuro principio. El amigo lo sabe y pone dulzura en estas cuerdas. Canto con el sol.

 

Veloz, veloces, nubes que se quiebran: del cántaro roto manan rayos y en la carretera veloz, veloces, un cuarteto entona, desafina.
Aparece la ciudad con su espiga de luz y los artistas incógnitos que esperan la hora del encuentro. Ellos también tienen un libro. Somos frases escritas en el libro. Algunos, frases inconexas, otros frases bellas, algunos son sólo títulos, otros comas, signos de interrogación, números… notas a pie de página.
Entre todos una bella mujer se esconde: génesis de los colores y mirada terrenal. Todos tienen la seguridad de lo que ignoran; creen en sus sueños como en sus deseos. Y los más pequeños se llevan la noche.

 

Al filo de la montaña, entre dientes de sierra, el tren se desliza pues ha sido llamado. Nadie quiere hablar del accidente, y sin embargo, pasamos sobre el talco del becerro: polvo de huesos para la máquina. Entre las piedras los carros descarrilados buscan una explicación.
Los surcos del maíz y del frijol hacen eses delante de los ojos, rehiletes de tierra: un tren de nubes, expandido en una tibia generosidad… contar de tardes, contrarios y contentos.
No cesa de subir y ya no hay tierra, sólo luz en el momento, la vista prodigiosa, las alturas: el cono vertical que absorbe nuestro peso. Barranca del cobre, las indias con sus niños y sus perros de madera no necesitan la palabra.
¿Quién puede considerarse pobre en esta dimensión?

 

Ciudades cristalizadas en la curva tenaz que imita a la tierra, dientes de azúcar para la burbuja serena del planeta: en el ágata fugaz el mar hace su casa, las venas azules se cargan de frutos, y con la música a todo volumen y los niños envueltos en asombro, pienso en las madres y su profundo sacrificio.
Nada se desperdicia, somos abono, y en las raíces se obra el mismo prodigio que en las hojas, en las células organizadas para su cabal propósito y en las corrientes de tierra que emergen poderosas: signan arquitecturas jamás imaginadas.
Caballo blanco en pasto verde: pensamientos puros que exhalan claridad.
Aquí se pueden ver los verdaderos bailarines, metales entusiasmados con la edad de la tierra, danzando a la velocidad del sistema. Es un bosque la pelusa que a veces los recubre… bastaría un estremecimiento de felicidad para que terminara el juego.

 

Cada túnel es un descanso; la oscuridad sella las imágenes portentosas de la Sierra Madre: nacimiento perpetuo, pronta muerte.
Sigo la voz del tren que nunca cesa, mientras los rancheros se limpian el sudor y las viejas americanas retocan sus labios marchitos. Esta vía que logra dar la vuelta a la montaña, desciende suavemente y por fortuna, hacia los valles más a tono con mi espíritu, que recibe el perfil de sombra recortado con la misma gratitud con que vivió las puntas.
Fortalezas que quitan el aliento, y en la raja sin fin el vaho silencioso, la rosa de los vientos labrando su destino.
Llegar es morir un poco, y mucho más si aquí quedara… sé muy bien que no es el sitio, que no vale la pena gastar tinta en este espacio, por más que el alimento no fue malo ni la noche muy ruidosa.

 

Calor, humo, sudor… por planos entre lluvia y sequedad, el agua barre los cristales: un corazón muy grande me brinda su fortuna. Para mis amigos de la revolución escojo esta noche de estrellas.
Hay un lugar para todos, pero no todos comprenden. Es más amplia la tierra que este mísero horizonte de poderes y de pares: la máquina computadora fácilmente se descompone.
Como si nadie regalara por placer: la fruta de los árboles desciende, no quiere más que la semilla de su especie, la intimidad.
Oscura voz del piano, me toma de la mano y me conduce al agua, a sus burbujas, más reales que el descanso y que la muerte, más reales aún que las polillas: hacen su fiesta alegremente y me recuerdan que el polvo danza también en este vientre.

 

Un niño con grandes lentes abandona con aire ensimismado la rara biblioteca de un puerto que se dedica a otras tareas. Tal vez la melosa voz del trío sepa más de la vida, pero ese niño tiene la llave.
Compasión de la piedra en el bolsillo, es sólo la presencia que no pesa, pero que con el tiempo luye la tela, busca el zapato, busca la arena… entre sus cristales se reconcilia, se manifiesta.
Los pelícanos escogen su balcón, sus abanicos de agua. ¡Qué lejos está su serenidad de aquel orgullo que mandara dar al mar de latigazos! Saben muy bien a dónde flotan los peces muertos.
Costa de lazos acerados y todos en el mismo barco. Ya se verán más tarde las cumbres nevadas en el agua y la fascinación de la amistad que, siendo tan sencilla, a tantos cuesta tanto.

 

Giros de faros

GIROS DE FAROS

 

Los soles

 

CAMINOS DE PAPEL

Alto
en el monte
donde crece el noble pino

Allá
donde el silencio
se vuelve nieve entre las ramas

Vive
una especie de
cuervo que vuela como el hombre.

Sus alas
son la esperanza
de ver los signos del tiempo,

Sus gritos,
páginas blancas
sobre el negro suelo del soñar.

 

 

CIUDAD INTERIOR

Amanece.
Sobre las losas brota
el musgo silencioso de la luz.

Ya los primeros
techos tocados por el sol
parecen despertar de su letargo.

Las sombras
van saliendo, apenas
queda algún rastro de la noche…

Los pájaros
con sus gritos
quiebran las úlyimas estrellas:

La muerte
canta cuando quiere
mantener la claridad en su dominio.

 

 

UN GALLO EN LA VITRINA

Detenido
en son de pleito
por el fuego que llega desafiante,

El gallo
luce en la cresta
flores rojas, moradas, amarillas.

Extiende
las alas y quiere
volar con el brillo de la mirada,

Mientras
las patas descansan
gravemente en la vitrina familiar.

Esperar,
permanecer. La forma
misma conserva el don del canto.

 

 

LA EROSIÓN DEL TIGRE

De día
duerme, de noche
ruge y da vueltas en la pista.

Sombras.
El paso del tiempo
imperceptible monta un circo:

un mar
de sillas desiertas
manchado por algunos rostros.

Los ojos
claros del tigre
ven una jaula dentro de otra:

Vida.
Tras las rejas
resplandece el verdadero sol.

 

 

LOS ÚLTIMOS INVITADOS

Fiestas
para el buen ojo:
fogatas de vidrio en los escaparates,

Letreros
llamativos del camino,
cada gesto acartonado es un maniquí.

Ladridos
de humo, bocanada
ardiente que ilumina los pulmones,

Los perros
callejeros recorren
los botes de basura cuidadosamente

Mientras
un hombre escupe
fuego: los huesos que el sol ama.

 

 

CONQUISTA DE LA IDENTIDAD

Un haz
de silencio ilumina
la tierra, las armas vencidas,

Los cascos,
la mesa salpicada
con ceniza y manchas de vino.

Las tiendas
enemigas florecieron
en esta llanura blanca y roja.

Profunda
quietud, el sitio
ha sido finalmente levantado…

Amanece.
De aquellos feroces
sólo queda la victoria del sueño.

 

La tierra

 

ESTACIONES

I

Otoño reposa
en la canasta de fruta.

Rumor de pasos que suben
y bajan escaleras:

Torre de platos limpios.

Un sol medita
entre las hojas
el rumbo de su vuelo.

II

Invierno,
bruma silenciosa.

Los que duermen velan
con los ojos encendidos:

No buscan más la tierra.

La noche se adelgaza
hasta los mismos bordes
para verter el vino.

III

Primavera,
jaula de estrellas,

Esconde la semilla
en casa de la mujer:

Profunda fuente de misterio.

Las voces bajo la luna
extienden su antiguo
surtidor de sombras.

IV

Verano del tono
sutil para cada cosa.

Máscara del amor
en los muros floreados:

Al aire libre se reúnen.

Instrumentos azules
para los cuerpos
que saben escuchar.

 

NO HAY PARAÍSO SIN ANIMALES

Jaulas transparentes: un mono trepa
con astucia, gira, busca, salta…

Quiebra con la cola los lentes,
la perspectiva del hombre de palabras.

Goza con la risa de las lechuzas
como goza la foca, como el camello

Que rumia la hierba de los justos
para compensar el pálido horizonte.

Vueltas y vueltas en las jaulas,
la vida en los zoológicos es triste:

El huevo roto con luz artificial
quisiera ser tortuga a toda costa.

Adiós, amigo león, amiga cebra,
amigos todos de esta fiesta exótica:

El oso nada, los pericos chiflan…
el hombre batalla tras las rejas.

 

LUCIÉRNAGAS

I

Luciérnagas:
órbitas inexactas
en medio de la oscuridad.

II

La vida es simétrica
sólo en apariencia…

La perfección
no está del lado de la vida.

 

ENSEÑANZAS DE ATLIHUAYÁN

Sentados bajo los árboles dejamos correr el vino.
En las copas se mecen los cuervos
y en el estanque las ranas ensayan su partitura.
El eucalipto más viejo lleva una melodía
moviendo apenas la fronda: el silencio
es sin duda el arte más difícil.

Mientras la luz permanece y los años son ligeros
el mundo sólo muestra las hojas más brillantes.
Así, todos creemos que el tiempo no transcurre
por ser la hierba tan fresca.

Pero la noche llega
y luego se vuelve lluvia
bajo el peso de sus frutos.

Dolidos
emprendemos el regreso
y las ranas que cantan
 los aires del verano
nos recuerdan tristemente
que no existe un lugar para volver.

 

LA CASA DEL ESCARABAJO

Pequeño amigo, acaricia
la tierra con tus patas,
lleva tu casa más allá
del oscuro principio.

Estás por encontrar
en el hueco que te espera
la eternidad que brilla
cegadora, en todas partes.

Así que cierra las alas,
en la bola del mundo tapa
tu casa para que la luz
no te queme los ojos.

Verás que tu interior
es lo que estuvo afuera
siempre, y que el mundo
fue porque tú fuiste.

 

CABALLO POR ALFIL

Las ventanas crecen con la soledad

De los hombres que están cambiando

Peones, reyes y reinas de posición

Con un aire displicente… escondidos

En la lógica familiar de las cervezas

No sienten cómo llega la oscuridad

Que paraliza las patas del caballo

Ni la mirada casi blanca del alfil.

 

La noche

 

BERENICE

Llévame a las serenas islas
de una muerte sin rencor,
Berenice, ya tu trenza
ha marcado el ascenso.

Abre las alas,
el mar es un geranio
que levanta siete
escalones de piedra.

Pasillos, puertas,
lechos de tierra:
en la bóveda se bañan
promesas de luz.

Duerme junto a la hoz
un botero, progenie
del león segador
de estrellas.

Desde la orilla
se puede ver la cima
que a la distancia
ondula, meridiana.

¡Llévame! Rompe al fin
el paladar de vidrio:
la hierba tiembla
con destellos de sal.

Así de noche brillas
vestida de niño, lanzando
hojas, verdes labios
en la casa del futuro.

 

BAILARINA DE SIGIRI

Templo de placer, luz
destinada a la belleza:
la suavidad de los hombros
y la vertiente de dos ríos
sostienen un medallón.

Luna de jade, guirnaldas:
un címbalo transparente
y la nostalgia del amor
dormido entre las perlas
del brazalete.

Flores, joyas vivas:
un diamante de cansancio
que por las mejillas cae,
bordea las comisuras
y salta al vacío.

Uun cielo estrellado
a la altura del canto:
cascabel, sonrisa
de un joven que baila
ante la muerte.

 

DAMAS CHINAS

En el camino que quiebra
las oscuridad en el tablero
necesitas atención y fortuna.

Un juego para matar el tiempo:
allá se encienden cada noche
las frágiles constelaciones.

Marinera sin barco, campesina
celeste, bajo tu sombrero corre
el sueño que cierra los párpados.

Inmóvil en el tiempo que gira
y celebra tu corazón de plata
avanzas sin que nadie lo note.

Debajo de las nubes profundas
un viaje por tierras interiores:
pastos azules y tiendas de piel.

Formas humanas, formas divinas,
el oro de los caballos rojos
y la luna sobre las montañas.

 

NOCTURNO

Testigo de estaciones
el tren en el que viajo
se fue quedando solo,
perdido en el letargo
de este pueblo.

Desde mi ventanilla
veo crecer las sombras
que la luna proyecta
sobre la cebeza
de una estatua.

La frescura de la noche
penetra los carros vacíos,

me limpia la frente,
se lleva los recuerdos.

La luna
hace un nido
una casa de sal
entre las ramas
desnudas.

En la plaza desierta
brilla un foco.

 

LA SONRISA DE TS’I

Nubes de gallos,
los poderosos inundan la tierra.

Su voz vela.
Tendida entre sueños
tal vez escucha moscas azules.

Brilla la cortina,
presa del poder.

No hay luz sino de luna
que lanza tenues barcas.

Alto van
las moscas, titubean
pero clama el agua su voz alta.

Dicen:
“Pudiera surgir la ira si alguien ama”.

 

NOCHE DE REYES

Esperando en el café
cortaba con el dedo
rebanadas de cielo
buscándola a ella

©

Muñequita de la rosca
de la memoria marina
del cuchillo que ve

©

Una isla de azúcar
en medio del café

©

La risa de los niños

 

El agua

 

DURA COMO EL AGUA

En la ventana se detiene la letra
de una canción que me pone muy triste:
la voz despierta, sube, se ilumina…
pasa rozando la cruz de las guitarras
y se desvanece al final en unos coros.

A pesar de que no dura,
a pesar del instante.

En la cuna del horizonte se vierte:
en medio del mar flota una balsa blanca;
aquí también hay luz para los amantes,
para su limpio juego de espejos.

He querido creer,
siempre he querido creer.

Desde la nave mayor tiran la escala
de sombras entre los que nada saben;
en una película se abre una puerta…

Todo gira y cambia,
todo permanece.

Cúpula gigantesac cuajada de recuerdos;
entre pieza y pieza percibo este perfume.

El olor inconfundible,
la lluvia que cae.

¿Cómo podré olvidarte si la música persiste?

 

CAMBIO DE TONO

Presentar los frutos, buscar una octava más
y sufrir tanto por tomar el pulso.

Lejos quedan los hombres enfermos
llenos de preocupaciones y su falso vigor.

Allí donde el agua y el cielo se separan
crece un instrumento maravilloso.

Un aspecto de nosotros mismos
es la guerra en el frente de siempre.

Uniforma de piel, la verdad parece
un capitán que dicta órdenes.

Tantos valores guardan las amas
como la rosa de los vientos.

La vida ya no tiene vestidos
para salir a la calle.

 

MÚSICA DE CÁMARA

Solo.
No son siquiera las seis.

Camino
haciendo tiempo
esperando que salga el sol.

En los bolsillos las manos
y en el pasto los pájaros
que se sacuden el frío.

Les doy los buenos días.

En el vapor de mi boca
se forma una cabellera.

La he tocado con los labios.

 

INVASIONES

Crin de trigo, negra el anca
trota en el cristal el agua.

Incesantes hordas brotan
grises, gotas que se curvan
y un jinete en cada lomo
tintas las piernas de espejos.

Qué gran mundo -pensaría-
este caer de tan lejos…

Y yo viendo cielos idos
al trasluz de la ventana:

Trotando, la vida es agua
negra noche siempre fuera.

 

UN PEQUEÑO MENSAJE

Aquella paloma
que mece su sombra
sobre las tejas rojas

Se parece
-de lejos-
a la muerte:

Llega y se posa
plegando las alas

Luego te mira:
sabe que ya es tiempo.

 

CODA

Ha sido tanto nuestro amor al silencio
que por él hablamos.

En la justicia de las palabras se verá
la plenitud de los miembros.

La fuerza para dejar de fingir
seguros de llegar erguidos al abrazo.